miércoles, 15 de octubre de 2008



Reconstruyendo en comunidad Plan del pino - San Salvador

El grito desgarrador del pueblo: ¿qué hemos hecho para quedar reducidos a esto: escombros... muerte?

La voz firme del Dios de la vida: Este es mi hijo, tu hermano, escúchale...
No había tiempo que perder... sacamos cuanto había:
plásticos, lonas, víveres.., compartimos, convocamos la asamblea de CEB’s, áreas de pastoral, comité de desarrollo comunal. etc.

Impresiona el compromiso cristiano. Cada pequeña comunidad manejaba de primera mano la situación de su colonia; urgía realizar un censo. Nos organizamos y en menos de un mes estaban censadas cuatrocientas setenta y cinco familias de nuestro cantón que habían perdido cuanto tenían.

- formar comités sectoriales de damnificados.
- constituir el comité de reconstrucción, partiendo de los anteriores. Ellos fueron y son protagonistas en la lucha por la vivienda provisional y digna.
- canalizar la solidaridad internacional y acompañar procesos. Aquí jugamos las Carmelitas Misioneras un rol importante.

Los logros obtenidos en cuanto a vivienda son constatables: se consiguieron trescientas veinticinco viviendas provisionales de lámina, de 16 m2. cada una. Las instaló el Ejército y el costo fue sufragado por ayuda internacional. El pueblo las bautizó con el nombre de micro-hondas. A la vez Vivienda digna realizó un trabajo simultáneo al anterior pero más costoso.

La buena organización facilitó el proceso que consistió en: elaborar listados con damnificados que tenían lote propio; buscar letrados o instituciones para convenir escrituración a bajos costos; escriturar lotes y terrenos, buscando para ello apoyos económicos; facilitar formación y mediación para humanizar el proceso y salvar el buen entendimiento y convivencia, pues la ambición destruye los procesos; gestionar ante Iglesias, gobiernos y ONG’s vivienda digna.

Por fin en el 2003 llegó la buena nueva. Al cantón de Plan del Pino se le asignan noventa viviendas de cuarenta m2. cada una, financiadas por AID. La coordinación y cuestiones de topografía las llevan FONAVIPO y la ONG REDES. El contacto o mediación ante la comunidad de damnificados, nuestro Comité de Reconstrucción. Las obras comienzan la tercera semana de diciembre de 2003. Nos esperan días fuertes, pero como diría Teresa de Jesús: en medio de estos pucheros, hoy de estas viviendas, anda e/Señor Jesús.

El tercer frente de acción canalizó la ayuda internacional y del Consejo General de Carmelitas Misioneras, familiares de niñas, y parroquia amiga de Eibar (España). “Bello, tierno y solidario el gesto de las Carmelitas Misioneras que han sentido con entrañas de familia y han sido veloces en hacerse presentes”. Estas son las palabras de acogida al primer gesto de solidaridad que llegó, en la asamblea y comité de emergencia.

Estas ayudas constituyeron el fondo de solidaridad en acción que trabajó en dos direcciones complementarias:

Por una parte se decidió estudiar situaciones extremas y realizar préstamos orientados a: comprar materiales de construcción para reconstruir o reparar viviendas; pagar entrada o cuotas de terrenos para vivienda; apoyar pequeñas alternativas de trabajo familiar: máquinas de coser, puestos de ventas, etc. Bajo esta modalidad se ven beneficiadas diez familias. No se cobran intereses, pero devuelven al fondo lo prestado en las cuotas pactadas de mutuo acuerdo. Algún préstamo resultó a fondo perdido, en otros casos hubo que replantear nuevas cuotas y nuevo tiempo de pago.

Por otra parte se acordó construir, sobre nuestra casa comunal, un centro de computación, abierto con preferencia a hijos/as de familias damnificadas o de escasos recursos. La obra ha concluido, y los jóvenes de nuestra comunidad, estudiantes universitarios, repararon las computadoras donadas por la fundación “Padre Arrupe”; el centro es hoy una realidad al servicio del pueblo. El proyecto se desarrolla con un triple objetivo: rescatar a niños y jóvenes menores de dieciocho años de la calle; capacitar a jóvenes mayores de dieciocho años para incorporarlos al mundo del trabajo, y proporcionar a jóvenes de ambos niveles, buena formación humano-cristiana, que les permita ser personas realizadas y de bien, para sí mismos y para la comunidad.

Con estas pinceladas hemos pretendido adentrarlos al barro que amasamos con amor y ternura en el cada día de nuestro caminar. Ojalá que el leer esta experiencia nos mueva a consumir menos y nos despierte el apetito de compartir y solidarizarnos más. Abrimos nuestras manos para recibir, si algo te queda, y te ofrecemos el bordón en que nos apoyamos: la oración confiada a nuestro Dios de la vida y de la paz con justicia.