jueves, 16 de octubre de 2008



Impactadas por la realidad que vive, de manera alarmante y particular el pueblo colombiano, muchas de nuestras hermanas han optado por acompañar en su misma realidad, a quienes son víctimas inocentes de un sistema de violencia sistemática, a la que ni el propio estado ha logrado derrotar, pese a los múltiples esfuerzos realizados en los últimos años. Muchas de nuestras comunidades están insertas en zonas afectadas por toda clase de situaciones de injusticia, opresión, desplazamientos forzados, secuestros, atentados de la más diversa índole. Nuestras hermanas afrontan con valentía la situación real que acompaña el diario vivir de nuestros hermanos más pobres: incertidumbres frente a la noche o al próximo día; inseguridad en las casas, calles y carreteras; encerramiento forzarlo en los pueblos por los “paros armados” que impiden salir del territorio demarcado, por días o semanas, con las consecuencias previsibles de falta de alimentos, desatención en salud y crisis de miedo.

Solo la fe y el amor a los más necesitados, hacen de nuestras hermanas personas valientes, que aun conscientes del peligro, permanecen con el pueblo; oran y se esfuerzan por mantener viva la esperanza, animando y acompañando el reclamo de sus derechos. Nuestras casas son de puertas abiertas para acoger, acompañar, animar, mantener vivo el deseo de luchar para conseguir la paz y la serenidad de las familias y los pueblos. Nuestra presencia es reconocida por los violentos, quienes, hasta ahora, han respetado nuestras viviendas, escuelas y sobre todo, a las mismas hermanas. Sabemos que el solo estar es significativo para todos y por eso ninguna de las que han sorteado toda clase de peligros, ha aceptado dejar los pueblos a merced de quienes les hostigan o atacan, dispuestas a entregar aún la vida, acompañando a quienes aman de verdad y en quienes descubren el rostro doliente de Jesús.

“Los desplazados por la violencia” Vallejuelos – Medellín



La presencia del Carmelo Misionero en Vallejuelos, pretende ser una respuesta solidaria a la situación de marginación que sufre gran parte de la población del país, principalmente en Antioquia; Acompañamos familias que, por motivos de desplazamiento forzoso o de extrema pobreza, se encuentran abocados a instalarse de forma ilegal en ranchos y tugurios, en las laderas de esta comuna 7, zona de alto riesgo ecológico, en el sector noroeste de la ciudad de Medellín.

En 1997 los jóvenes del Carmelo Misionero Seglar de Medellín, con las hermanas, iniciaron el acompañamiento a la población de este asentamiento, como proyección apostólica, especialmente los fines de semana y en Misiones por tiempos de Navidad y Semana Santa.

Los hechos dolorosos del deslizamiento y el incendio que consumió doscientos cuarenta ranchos, en el año 2000, motivaron la inserción permanente de la comunidad en este lugar y desde entonces compartimos la vida y el sufrimiento de los desplazados, trabajando en forma mancomunada con ellos y otras Instituciones en la lucha por evitar el desalojo forzado de parte de las autoridades y ayudándoles a gestionar una vivienda digna y a elevar su nivel de vida. Este trabajo conjunto dio origen al proyecto común de “Reubicación integral” que exige atender los frentes de vivienda, educación, salud, formación comunitaria, promoción y formación para el trabajo, prevención de desastres, entre otros.



El acompañamiento y la formación permanente al Comité Comunitario ha sido siempre tarea especial de las Carmelitas Misioneras unidas a los Hermanos Franciscanos y con la asesoría de algunas Instituciones, entre ellas la Universidad Bolivariana. Atender las situaciones que se presentan en la comunidad y gestionar en conjunto recursos y apoyos para hacer efectivo el proyecto de reubicación integral, es la tarea primordial del Comité Comunitario y sus acompañantes. Una de las formas de canalizar los recursos que llegan es a través del ropero comunitario que lideran las hermanas.

Con sentido comunitario y como respuesta al problema de muchos niños del barrio que estaban en la calle, se gestó la idea de crear una escuela para los niños que por diferentes motivos no tenían acceso a la educación. Pronto fue una realidad la actual ‘Escuela Comunitaria” cuya misión principal es propiciar a estos niños un ambiente adecuado para superar los traumas ocasionados por la violencia intra y extra familiar. Al frente de la escuela está una hermana. Imposible estudiar con hambre! De ahí que fue preciso gestionar y coordinar el restaurante escolar que viene proporcionando almuerzo diario a doscientos cincuenta niños.


Desde un pequeño ‘Dispensario Comunitario” y con apoyo de instituciones de salud, profesionales voluntarios y algunos agentes de la comunidad se atienden las necesidades básicas de la población en este campo, suministrando la medicina más esencial a precios asequibles. Como la mayoría de la población es menor de edad, se vio la urgencia de prestar una atención especial al menor desde el vientre materno. Esta labor la realizan también las Carmelitas Misioneras a través de las agentes del programa de la Pastoral de la primera infancia (PPI), brindando educación integral en salud, nutrición, civismo y formación religiosa a las madres de los menores. Como complemento nutricional para los menores que lo requieren, las agentes de la pastoral elaboran con harinas, hojas y semillas procesadas, la “Multimezcla” que va produciendo excelentes resultados.

Para crear empleo tenemos el proyecto de venta del jabón celestial, elaborado también por las agentes de la PPI; además de generar recursos para el programa, proporciona a las mismas madres una fuente de ingresos que favorecen su precaria economía familiar En esta misma línea se va impulsando la elaboración y venta de ropa infantil y artesanías con materiales de desecho.

Nuestra presencia en Vallejuelos, además de ser un aporte solidario ante tanta pobreza extrema, pretende despertar en todos los que se relacionan con nosotras actitudes de cercanía y solidaridad hacia los más necesitados.

Restaurante escolar Colegio “Ntra. Sra. del Carmen” El Charco

En un bello, lejano y olvidado rincón al sur de nuestra azotada y quebrantada Colombia, en el departamento de Nariño, se encuentra El Charco, pueblo habitado por gente humilde, sencilla, alegre, religiosa y solidaria que desea “aprender a aprender” para salir de su extrema pobreza.

En la mayoría de los hogares, debido a la desintegración familiar, las mamás son cabeza de hogar. i’’ cómo se las tienen que arreglar para responder a las necesidades de sus familias que tienen entre cinco y diez hijos en edad escolar. El desempleo es cada día mayor, agravándose por la cantidad de inmigrantes que llegan buscando un lugar más tranquilo donde poder sobrevivir.

Debido a esto la población estudiantil ha crecido. La institución educativa ‘Nuestra Señora del Carmen” tiene, actualmente, unas cuatrocientas alumnas, de las cuales un 25% se benefician del restaurante escolar, que funciona desde el año 1982 y va incrementando cada año la cobertura. Este proyecto fue fundado por las Carmelitas Misioneras con el fin de favorecer a las niñas “embarcadas”, como cariñosamente llaman a las alumnas que deben hacer su travesía diaria por el tío, en barca, remando ellas mismas y muchas veces contra corriente, desde la madrugada, para estar en el establecimiento educativo a las 7: hora en que se inician las clases. El servicio se ofrece también a las niñas de más bajos recursos ya las que viven lejos del colegio y no les llega el tiempo de descanso para ir a su casa a buscar el desayuno.



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